jueves, 3 de septiembre de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 7

Me enrollo una toalla en el pelo y me enfundo la primera camiseta que veo, con un par de pantalones. Bajo las escaleras a saltos, corriendo hacia el patio, donde he oído el golpe. Mis sentidos de loba se van activando, y me aterroriza que pueda Transformarme en cualquier momento. El porche está vacío, pero hay rasguños por todo el suelo de madera. Sigo unos rastros de barro y suciedad por el suelo, son huella, algunas animales y otras humanas. Puedo decir que esta noche ha llovido a cántaros, el bosque desprende un aroma a tierra mojada y el recuerdo de patas embarradas y hocicos húmedos se presenta en mi mente. Intentando no dejarme absorber sigo buscando en el patio la fuente del golpe.
Hay dos siluetas tiradas en un rincón. Una tiene patas y se retuerce bajo una figura humana. Reconozco a Melanie en la loba, pero no puede verle la cara al chico que tiene encima. Me acerco más y Mel me gruñe. El muchacho está inconsciente sobre ella, aplastándola, si lo aparto podrá volver con la manada y estar a salvo. Sigo sin reconocer al humano mientras le arrastro como puedo para quitárselo de encima a Melanie, pero tan pronto como ella consigue salir de debajo su cuerpo empieza a convulsionarse, a Cambiar. Levanto al Desconocido y entro en casa con él a cuestas y resoplando por el esfuerzo. Le suelto en el sofá y le tapo con lo primero que encuentro, una de nuestras mantas de cuadros escoceses, la azul y morada. Subo las escaleras a la carrera, impulsada por una carga de adrenalina y dando voces para que Justin se despierte. Entro en torrente en la habitación y cojo su manta de encima de la cama. En mi camino de vuelta pateo la puerta de mi habitación y vuelvo a gritarle.
 
– JUSTIN ¡Haz el favor de despertarte, marmota! Tenemos un problema importante. – Me mira sin entender desde la cama, con el sueño aún nublándole los ojos. – Te quiero ver abajo en menos de 30 segundos – le suelto mientras le miro a los ojos, seguras de que los míos echan chispas.

Corro escaleras abajo una vez más para salir al patio trasero. Oigo un gruñido viniendo del sofá donde he dejado a Don Extraño Desnudo, pero no le presto atención en mi preocupación por Melanie.
Sobre el fango y la hierba mojada Melanie tiembla hecha un ovillo. No está del todo consciente y tiene una pequeña mancha de sangre en su costado. No tengo ni la menor idea de si es suya o de Don No-Llevo-Pantalones, pero sin planteármelo la envuelvo en la manta y me la cargo a hombros como he hecho con el otro chico. Al entrar en casa, Justin está al lado del sofá observando al muchacho inconsciente y desnudo. Al verme con Mel en brazos exclama una palabrota y corre a ayudarme. La subimos a su habitación, le pido a Justin que vaya a buscar un poco de agua mientras la tumbamos en su cama. Cuando vuelve con un bol y el pañuelo me apresuro a limpiarle la sangre a Melanie. No tiene ni un rasguño, y no sé si es porque la sangre no era suya, o porque ya ha sanado.

– Oye Lyd… – La voz de Justin en la puerta ahuyenta los pensamientos sobre sangre de la cabeza – ¿Quién es el desnudo del sofá?
– Pregúntaselo a él, o a Mel. El que se despierte primero. – Le respondo acercándome.
– Entonces esa voy a ser yo

La voz de Mel me sobresalta. Está sentada en la cama, con su melena rubia despeinada y tapándose el pecho con la manta. Pero nos sonríe abiertamente.

– Justin, sal mientras se pone algo de ropa. Y tráele algo de comer también.
– Sí, señora – responde él guiñándome un ojo. – Aprovecharé para comprobar que nuestro chico misterioso esté bien.
 
Al pasar por mi lado me da un apretón en la mano. Siento encenderse mis mejillas, pero le sonrío. En cuanto la puerta se cierra tras él, Mel se levanta de un salto y se abalanza hacia su armario, no sin antes dirigirme una mirada inquisitiva. Hay algo más en sus ojos que no logro identificar.

– ¿Qué ha sido todo eso exactamente Lyd? – Su voz todavía un poco ronca por el reciente Cambio. – No recuerdo que Justin fuera tan efusivo contigo.
– Yo… – Su voz desprende un matiz extraño que me incomoda, pero cuando se gira sus ojos sonríen y una mueca burlona está atascada en sus labios.
– ¡Oh Dios mío! Ha roto con Silvia, ¿Verdad? – Exclama, y luego añade mirándome de reojo – Y supongo que habrá pasado algo entre vosotros dos – se le rompe un poco la voz en la palabra ‘vosotros’ y lo cubre con una tos.

Mel se pasa una de sus camisetas gastadas por la cabeza y da un par de saltos sobre un pie para entrar en sus vaqueros de repuesto. Luego vuelve a sentarse en la cama y se echa la manta sobre los hombros. Me siento a su lado y la abrazo susurrándole lo mucho que la he echado de menos. Me rodea a mí también con la manta y me devuelve el abrazo.
Justin no llama desde la cocina. Tras una mirada, Mel sale corriendo de la habitación, descalza y con la manta a modo de capa. Yo la sigo pisándole los talones, gritándole que tenga cuidado. Al llegar a la cocina, veo como Justin está mirando algo detrás de mí con cara de susto. Mel ya se ha sentado sobre la isla y sonríe en la misma dirección. Giro sobre mis talones, desconcertada, y me doy de bruces con el pecho desnudo del Desnudo Misterioso.
 
– Muy bien, ¿Mel? Creo que es el momento de que nos expliques qué narices ha pasado ­– digo muy lentamente. Oigo su risita y como Justin coge aire. – Y tú, quién quiera que seas, – continúo apuntándole con un dedo acusatoria y poniéndome roja como un tomate, – haz el maldito favor de ponerte algo de ropa.
 
El muchacho mira hacia abajo, igualando el rubor de mis mejillas, mientras Melanie se desternilla sobre la mesa de mármol. Just acude en su ayuda, y lo empuja corriendo escaleras arriba, las lágrimas asomando a los exóticos ojos de mi amiga.

– No me puedo creer que le acabes de decir eso – Mel sigue riendo sin parar, quedándose ya sin aire.
– Supongo que ahora me contarás lo que ha pasado con ese pobre chico – repito por enésima vez en menos de media hora.
– Sí, sí. Perdona, pero antes ¿Eso que huelo es un risotto de los de Just?
– Sí – digo la palabra en un suspiro – fue nuestra cena de ayer. – Abro la nevera y saco el Tupperware con las sobras.
– ¡Genial! Me muero de hambre.
 
Le pongo un plato delante justo cuando Justin y el desconocido, ya vestido con la ropa de Caleb, se plantan en la puerta de cocina.

– Muy bien chicas, nuestro amigo se llama Matt y creo que está tan desconcertado como nosotros. ¿Mel?

La susodicha sonría con la boca llena y Just contiene una mueca de asco sin demasiado éxito. Ella suelta un ligero gruñido y asiente tragando. Sirvo otro plato y se lo pongo delante a Matt, sonriéndole, supongo que eso es lo peor que le ha pasado hasta ahora.

– Come, te sentará bien llenar el estómago.
– Bien: supongo que habréis escuchado los disparos de ayer, como mínimo tú, Lydia. – Asiento, concentrándome en la voz de Melanie – Pues nosotros estábamos huyendo de los cazadores cuando le dieron a uno de los cachorros. No sé a cuál, no nos paramos a comprobarlo. – Una nota de dolor cruza su voz. – Después de eso nos dispersamos. Oí los aullidos de los demás para que nos reuniéramos, pero no podía encontrarlos. He vagado toda la noche por el bosque, intentando dar con la manada. Y al amanecer más o menos me he tropezado con este, – continúa señalando a Matt con la cabeza – apestaba a lobo pero era humano. Mi instinto me ha dicho que lo trajera a la casa, así que eso he hecho. Y supongo que habré cambiado justo después de traerle, sólo recuerdo llegar al patio y desmayarme bajo su peso. – Y tras decir eso, vuelve a centrarse en su plato.
– Dices que apestaba a lobo, ¿Entonces quién le ha mordido? – dice Justin.

Mel se encoge de hombros

– ¿Creéis que podría ser un Puro? – Pregunto yo.

Mel repite el gesto con los ojos todavía fijos en el plato de arroz.

– Chicos, – una voz ronca y suave al mismo tiempo habla a mi izquierda, y me giro para ver a Matt sentado en uno de los tamboretes. Se me había olvidado que estaba aquí. – Creo que yo puedo responder a esas preguntas.
– ¿Tercer Grado? – Pregunto al aire
– Tercer Grado – confirma Mel, con una sonrisa predadora en los labios.
 

Diez minutos más tarde, Matt está sentado en el sofá y Melanie y yo nos hemos colocado frente a él. Mel tiene la cabeza apoyada en los brazos, que descansan sobre el respaldo de la silla girada en la que se ha sentado. Yo doy vueltas sobre uno de los tamboretes de la cocina que hemos movido hasta delante del sofá naranja del salón. Justin se ha acomodado en un sillón y se ríe de nosotras.
Un rato antes, cuando hemos decidido que íbamos a interrogar a Matt, Justin se ha caído al suelo de la risa mientras Mel y yo observábamos como el color desaparecía de las mejillas del interrogado. El pobre está un poco asustado. Melanie sabe que ella tiene el rol de poli malo, y yo el de poli bueno, pero normalmente no los usamos. Simplemente solemos bombardear a preguntas al pobre desdichado que se convierta en nuestro objetivo. Hemos sometido al Tercer Grado a todos los novios, novias o Mordidos de la manada desde que éramos niñas, para las dos esto ya es una tradición.
Matt carraspea y yo dejo de dar vueltas. Le observo curiosa. Lleva unos vaqueros de Caleb y una camiseta vieja de Justin con el logo que creó para la manada, un lobo aullando con una enorme bufanda roja alrededor del cuello. Recuerdo que quiso escribir debajo: WEREWOLFS’ RULES* y mis padres no le dejaron. La camiseta le va un poco pequeña a Matt. Es muy alto, y está musculado. Las mangas se pegan a sus brazos, ofreciendo pequeños vistazos de sus bíceps. Tiene el pelo muy oscuro, negro como el carbón, y los ojos grises y brillantes. Desde aquí puedo oler la esencia lobuna que desprende, y un ligero aroma a aceitunas.
 
– Dinos tu nombre – Mel se inclina hacia adelante en su silla con los ojos brillantes.
– Matt Moonrise**
– Que ironía tío – dice Justin soltando un silbido.
– ¿Cuántos años tienes? – Digo como si Just no hubiera hablado.
– 19
– ¿Mordido o Puro?
– Mordido
– Entonces, ¿Tienes manada?
– No
– ¿Eres un Omega? – Pregunta Mel.

En una manda hay tres tipos de lobos. Los Alphas, o jefes de la manada, a los cuales sólo se puede substituir matándoles o por la línea sucesoria. Los Betas, el resto de los lobos de la manada. Y los Omegas, lobos extraviados y sin manada que vagan o bien solos o bien siguiendo a manadas pequeñas.

– Sí, estaba buscando una nueva manada.
– ¿Qué le pasó a la anterior? – Justin mete baza sin darse cuenta.
– Cambió de Alpha – se encoge de hombros, pero al vernos a todos esperando más, continúa. – Mi hermano y yo estábamos en la manada de la frontera. Nos mordieron a los dos a la vez y éramos la última incorporación. Nuestro Alpha era bueno, nos enseñó a cazar y defendernos, y nos dio una habitación donde quedarnos cuando nuestros padres nos echaron.
<<Hace un par de semanas, o al menos creo que fueron semanas, en forma lobuna el tiempo pasa extraño, el resto de la manada empezó a pelearse a menudo. Adam, mi hermano, se metió en muchas de las peleas. En una de ellas, el otro lobo perdió la oreja y a Adam lo echaron. Después de eso no lo he vuelto a ver. Días más tarde, el lobo que había perdido su oreja en la pelea, mató a nuestro Alpha y le arrebató su puesto. Y me expulsó, igual que a mi hermano.>>
– ¿Cómo has llegado hasta aquí? – Mel ya no sonríe.
– Pues corriendo, creo que he tenido suerte de que no me atropellaran. – Cuando sonríe sus ojos se entrecierran y se rasca la parte de atrás de la cabeza.
– ¿Por eso estabas desmayado en medio del bosque? – Matt asiente lentamente.
– Mi abuelo es el Alpha, – digo al cabo de un rato, – él y los demás siguen en nuestro bosque. Como ves la única que ha vuelto es Mel. Por el momento puedes quedarte aquí con nosotros.
– ¿Tú eres una Pura? – Los ojos se le han abierto mucho de golpe.
– Sí, – mi voz es más firme de lo que me siento en realidad – este es mi último invierno.

De reojo capto como la luz se desvanece de los ojos de Justin por un segundo, pero es tan breve que podría habérmelo imaginado.

– Puedes usar la habitación de invitados, – dice Melanie – y cuando vuelvan los Mayores decidirán si te quedas o no.

Después de decir eso, se gira hacia mí y me dice:

– Ahora Lyd, por la mirada que me has echado cuando he mencionado que habían alcanzado a uno de los cachorros, sé que sabes quién es.
 
Matt nos mira horrorizado, Justin se hunde en el sillón y yo siento la ola de tristeza apoderarse de mí. Al verlo, Mel reacciona y sigue hablando:

– Lydia, esa cara no me dice nada. – Su voz es intensa, está intentando prepararse para oírlo. – Todos los cachorros son importantes para nosotras. Sabes que despiertan una especia de instinto maternal primario en todas las hem…
– Es Rory, – interrumpo – es Rory. No es Max, ni Rosy, ni Caleb, ni Rox, ni Katelynn, ni Cassie… – La voz se me resquebraja antes de que pueda decir los nombres que me faltan: AnneMarie, Judith, los gemelos Luigi y Mario, Gideon.

En forma lobuna todos parecemos cachorros hasta que cumplimos los 15 años, luego ya somos lobos adultos, aunque jóvenes. Caleb y Rox ya son adultos, pero suelen ser los que cuidan de todos. Mel me mira un instante y luego se desinfla. Las lágrimas asoman a sus hermosos ojos y yo las siento calientes en los míos. La abrazo en silencio mientras ella se hunde. A Rory ya sólo le faltaba un año, en Agosto iba a cumplir 15, tendría su primer año de cortejo, sus cazas con el resto de la manada, y eso ya no iba a suceder.

Matt nos mira sobrepasado y de reojo veo como Justin hace amagos de acercarse y abre y cierra la boca sin saber qué decir.

– Lyd, ¿Vamos a poder enterrarle? ¿Lo saben sus padres?
– Claro, Mel, le enterraremos como es debido. Y, sí, sus padres lo saben.

Le acaricio la espalda para que se tranquilice y me muerdo el labio para dejar de llorar yo misma. Si Mel levanta la cabeza y ve mi cara mojada, ella no va a calmarse jamás.
 
– Venga chicas, – la voz de Just nos hace separarnos un poco – sé que no puedo hacer mucho, pero creo que deberíamos distraeros de algún modo. Así que, puesto que ayer no vimos la película Lyd, – me guiña un ojo para ocultar la pequeña decepción que sé que siente, – creo que podríamos verla ahora.
– ¿Qué película es? – Pregunta Matt intentando ayudar.
– No lo decidimos, – dice Justin con una sonrisa de disculpa – y como eres el nuevo, Matt, te voy a otorgar el honor de escogerla. Ven, te enseñaré nuestra colección de DVDs.

Dicho esto, se lo lleva a la estantería acristalada que hay al otro lado de la sala y nos dejan solas. Le limpio las mejillas a Mel con el dorso de la mano y le sonrío un poco.

– No te preocupes Mel, todo va a salir bien, los demás van a volver pronto y superaremos esto todos juntos. – Ni siquiera sé si yo misma me lo creo, pero son palabras de consuelo y ambas las necesitamos.

Mel asiente, me estruja entre sus brazos y luego se acomoda en el sofá, envuelta en su manta de cuadros. Los chicos vuelven con un DVD y lo ponen en el reproductor. Matt se deja caer sobre el sofá, obviamente un poco incómodo, y se tapa también con la manta que queda libre. Yo, en busca de un poco de calor, me siento medio encima de Just en el sillón. Me da un beso en la templa y me susurra al oído:

– Mi lobita valiente.

Puedo oír su sonrisa mientras entrelaza sus dedos con los míos y apaga la luz.

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