lunes, 8 de junio de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 6

Unos brazos rodean mi cuello y siento la barbilla de Justin apoyarse en mi cabeza.

– Buenos días, preciosa – dice en un susurro.
– Hola – digo cantarina.

Se sienta a mi lado y me mira.

– ¿Cómo ha ido? – Pregunto a media voz, me da vergüenza

Una mueca se disimula en su cara, pero es tan fugaz que me parece habérmela imaginado.

– Hombre, – empieza – no se lo ha tomado demasiado bien. Pero eso es normal supongo. Me ha gritado cuatro cosas obscenas y se ha largado airada.

Suspiro, es un alivio y a la vez no lo es, Ahora Justin puede estar conmigo, pero me siento mal por Silvia. Siendo sincera, nunca me cayó demasiado bien, pero no es mala persona.

– Luego pasé por casa a ver a mis padres, para así poder decirte algo cuando volviera. – Su rostro se llena de sombras – Tienen el cuerpo de Rory, han llamado a sus padres y ellos les han dicho que se harán cargo.


Suspira tocándome el brazo. Mis ojos se llenan de lágrimas otra vez. Cuanto lo siento, la culpa me consume. Justin vuelve a rodearme con sus brazos y me acalla con dulzura. Ya no falta demasiado para que termine el invierno, y pronto la manada volverá a llenar la casa, con su olor y su ruido habituales. Volveré a ver a Melanie y a los demás, y mis padres se harán cargo de todo. Todo irá bien durante un tiempo. Hasta que vuelva a llegar el frío. Pero la próxima vez, yo también estaré en el bosque.
Justin me susurra cosas al oído, me reconforta con algunas sandeces. En realidad no le estoy escuchando, sólo oigo lo que me dice sin comprenderlo todo.

–… en la cama.

Esas últimas palabras me ponen en alerta. Le miro con los ojos como platos y suelta una carcajada.

– ¿Qué es lo que has dicho?
– Que me gustaría saber cómo es eso de los desayunos en la cama. No me estabas escuchando, ¿A qué no? No te preocupes – dice al ver mi expresión compungida – estaba diciendo chorradas sin importancia para alejarte del bosque.

Suspiro y me dejo caer contra él. Me da un beso en la frente y se levanta a mirar por la ventana.

– ¿Cuándo crees que volverán? ¿Hace demasiado frío todavía?
– ¿Lo dices por mi transformación de esta mañana? – Asiente levemente. – No te preocupes por eso. Sabes que son transformaciones esporádicas. Mi cumpleaños está cerca, Just, el virus sólo se está adecuando a mi cuerpo. Además, el frío para mí es diferente. Lo que para ti no es nada, para mí puede suponer el cambio. – Suelto todo eso con voz neutra, aunque por dentro me destroza lo que implican mis palabras. – Si te soy sincera, no creo que tarden demasiado. La primavera tardará poco más en llegar, como mínimo los más jóvenes deberían volver pronto.
– Hecho de menos a Melanie, Rox y Caleb – le sonrío con complicidad. – La casa es un rollo sin esos locos.
– Tienes razón – digo entre risas.


Melanie, Rox y Caleb son los otros lobos jóvenes a parte de mí. Ellos y Just son mis únicos amigos. Le mención de sus nombres nos hunde a los dos en un océanos de recuerdos.

Melanie llegó cuando teníamos 5 años. Ella sólo tenía 6, pero la habían mordido en un momento de desesperación. Era una niña rubia con extraños ojos violáceos. Como loba era una hembra moteada, sumisa y hábil cazadora. Parecía que hubiera nacido para esta vida. Sus padres la abandonaron y la dieron por muerta. Aún no teníamos el apoyo de ningún adulto, así que ella tuvo que desaparecer. Cuando llegó el calor y volvió a su casa, no entendieron la situación. Pensaron que se había vuelto loca en el bosque, así que ella tuvo que fugarse y se vino a nuestra casa. Ya hace años que no sabemos nada de ellos.
Ella es inteligente, creció para convertirse en una chica muy hermosa y una loba más que integrada en el bosque. Incluso en forma humana, sus instintos son mucho más potentes de lo normal, y recordaba el bosque muy vivamente.

Rox es el diminutivo de Roxanne, pero nadie la llama así. Sólo oír ese nombre le entran escalofríos y se pone tensa. Rox llegó el invierno siguiente a Melanie, y tiene su misma edad. Se podría decir que ella es una morena de verdad: su piel es del color del chocolate, su pelo tiene el mismo tono marrón del tronco de los árboles, y sus ojos dos pozos brillantes que con los años empezaron a conquistar a todos los chicos con los que se cruzaban.
Su integración fue lenta, pero para mí ella se convirtió rápidamente en una hermana. Aun así, en el bosque era completamente distinta. En seguida se convirtió una de las primeras hembras de la cadena. Sus ojos oscuros resaltan entre su pelaje grisáceo, y en su primer año de apareamiento la cortejaron todos los machos de nuestra manada. Ella los rechazó a todos sin contemplaciones. Ella siempre fue una de las más sensatas, mantiene su lucidez humana como animal.

Caleb es nuestro único macho joven. Rory solía hacerle la competencia cuando eran más pequeños, pero se dieron cuenta de que no valía demasiado la pena en poco tiempo. Llegó el mismo año que Rory mordido por este mismo.
Todo fue algo raro con Caleb. Sus padres no le rechazaron, pero tampoco le aceptaron, simplemente lo dejaron a nuestro cargo y se centraron en ocuparse de los hermanos de Caleb. Así, sin más, Caleb se vio con una nueva familia y una nueva vida. Frente a los adultos se cerró en banda y no se dejó ayudar. Pero con los demás fue una historia diferente. Se llevó bastante bien con los “cachorros”. 
La verdad es que les echo mucho de menos.

– Deberíamos hacer algo – propone Justin. – No soporto quedarme así, quieto.
Le sonrío pícara y me levanto del sofá. Ha sido un día muy largo, mucho. 
 
– Ven – le digo ofreciéndole la mano.
– Lyd, ¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando?
– No, en absoluto – digo riendo.

Nos dirigimos a la cocina. Tengo hambre y quiero preparar algo de cena. Él ha dicho que quería hacer algo, pues ahí lo tiene.

– ¿Qué quieres cenar? – Pregunto encendiendo la radio.
– A ti. – Sonríe acercándose – pero te prefiero de postre.

Me da un beso en la mejilla y abre la nevera. Se queda ahí plantado con cara de pensar y observando la comida en las baldas.

– Veo un risotto de setas y aceitunas negras en nuestro futuro. – Anuncia triunfante.

Me siento en la isla mientras él se mueve entre los fogones como si estuviera en su casa. Cocinar se le da de miedo. Me encanta cuando se queda en casa y cocina conmigo o para los dos. Tararea al cocinar y yo no tengo nada mejor que hacer que mirarle divertida. Una parte de mí está en contra de esto. Esa parte quiere estar de duelo profundo, suprimir el amor y la risa del mundo entero. Pero la otra parte sabe que no me lo puedo permitir o enloqueceré. Pongo la mesa absorta, sin apenas pensar con claridad. Decido dejarme llevar por la música y Just, bailo poniendo cubiertos y vasos sobre el mantel. Justin se ríe de mí al verme y se le cae un poco del arroz que estaba sirviendo en nuestros platos. Ojalá pudiera ser así para siempre.
Conversamos durante la cena un poco más animados que a la hora de la comida. Pronto no queda nada en mi plato, y la verdad es que el hambre se desvanece. Me río de los comentarios de Justin. En un momento dado, pasa algo que hace que él coja mi mano y entrelace nuestros dedos. Mi mira con ternura y una bonita sonrisa en sus labios. Le aprieto la mano, riendo, y me obliga a levantarme. Bailamos por la cocina mientras las risas y la música llenan el ambiente. Y enseguida se les unen los besos. Dulces, intensos, desesperados, tristes, juguetones, llenos, exactos. No puedo describir lo que siento con el simple roce de sus labios. Hasta que se detiene y le miro confundida. Me besa la punta de la nariz y se pone a recoger platos.


***

 La mañana es fresca y agradezco que Just me abrace. Aunque el miedo a mi cambio se instaló en mi estómago la noche anterior y aún permanece agarrado a mis entrañas, me siento segura entre sus brazos. Me retuerzo para poder mirarle la cara, su carita de marmota dormida. Quiero darle un lengüetazo de broma en la mejilla, pero justo entonces suena mi teléfono móvil. Me incorporo y busco el aparato entre las cosas varias que hay en la mesita de noche. Cuando lo encuentro veo que tengo un mensaje que un número oculto.

No te creas que todo ha terminado. Sé mucho más de lo que crees.
¿Silvia? ¿Era ella? ¿Qué es lo que quería decir con ese mensaje? No le doy demasiadas vueltas, no creo que valga la pena. Me dirijo al baño para ducharme, pero al poco de que el agua me caiga encima un ruido me pone en alerta.

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