sábado, 23 de mayo de 2015

El Secreto del Océano: Capítulo 6

Paula


La reina habla tranquila y pausadamente sobre El Peregrinaje. Su calma me pone nerviosa y muevo mi aleta arriba y abajo tras la espalda. No me parece bien no decirle a Lucas que su hermano está aquí. Pero es una orden real y habrá que cumplirla a pesar de todo. No me importa realmente hacer el viaje, pero me da un poco de miedo. Por lo que la reina Siri y Aquata y Alana nos han contado, nadie sabe qué es lo que nos espera allí.

– … ni siquiera yo misma sé cuáles son las distintas pruebas a las que tendréis que enfrentaros – continua la reina. – Pero estoy segura de que no van a ser fáciles y por eso os ruego que tengáis muchísimo cuidado. No me gustaría nada perderos de vista.
– Espere, – dice Lucas levantando las manos y haciéndole ‘stop’ con ellas a la reina – Su Majestad, ¿Me está diciendo que ha muerto gente en este viaje?
– Sí – responden Aquata y Alana al mismo tiempo.

La cara de Lucas es todo un poema, como la de Arch cuando nos lo han contado todo antes. Y supongo que como la mía también. Todo esto es un lío gigantesco, comienzo a arrepentirme de haber traído a Lucas a la ciudad.

– Aunque el viaje es peligroso debes hacerlo para decidir si te quedas con nosotros o vuelves a la superficie. En cualquier caso, este viaje es también obligatorio para los miembros de nuestra especie que transforman a los Convertidos. – Me mira con gravedad y prosigue. – Además Lucas, tienes que saber que es muy importante que pases las pruebas tú solo, sin ayuda de nadie y por propia voluntad. Por esa razón os pido a todos vosotros, que por favor os toméis el tiempo que necesitéis. No hay ningún problema.

– ¿Y nuestros trabajos? – pregunta Arch
– Seréis excusados como si estuvierais enfermos tanto tiempo como sea necesario. Cuando volváis lo retomaréis todo desde donde lo dejasteis.
– ¿Cuándo nos vamos? – Pregunta Lucas – ¿Y qué hacemos cuando hayamos superado todas las pruebas? – Hay mucha determinación en su mirada.
– Os marcháis esta tarde – responde la reina, – y en cuanto a qué hacer, lo sabréis cuando paséis la última prueba.

Dicho esto, suenan otra vez las caracolas, las puertas se abren y la reina Siri sale majestuosamente por la puerta. Las gemelas y Arch suspiran pero Lucas y yo seguimos mirando fijamente a la puerta. Creo que sospecha que algo no es normal en todo esto.


***


Alana y Aquata nadan delante de mí charlando con Lucas. Arch y yo vamos detrás cargando con nuestras mochilas. Llevamos lo básico, pues ambos estamos preparados para estos viajes, pero necesitábamos los sacos de dormir y algunas provisiones. Lucas nada con ganas, aletea muy rápido, aunque es consciente de que hoy no avanzaremos demasiado porque ya es tarde.

– Arch, no me gusta no decirle a Lucas lo de su hermano – susurro para que Lucas no me oiga.
– A mí tampoco hermanita, pero no podemos hacerle nada y lo sabes. Si le decimos que Marcos está en la ciudad no querrá volver a la superficie. – Arch me responde en el mismo tono y suelta un suspiro contenido.
– Pero, ¿Y si ya no quiere volver? ¿Y si es consciente de que algo no va del todo bien y quiere quedase?
– Entonces será su decisión. Paula, por favor deja de preocuparte. Mirándolo por el lado positivo, por fin tenemos las vacaciones que tanto deseábamos.

Me guiña un ojo y con dos fuertes aletazos se pone a la altura de las gemelas. Suspiro y me dispongo a hacer lo mismo cuando me doy cuenta de que Lucas se ha rezagado un poco y que ahora nada a mi lado.

– Hola – saluda
– Hey, ¿Estás bien? – Sigue un poco pálido, y aunque intenta sonreír no consigue convencerme, veo la mirada seria de sus ojos.
– Sí, es solo que estoy un poco confundido. ¿Y tú? Pareces muy preocupada. No has sonreído ni una vez desde que salimos del palacio.
– En realidad estoy bien, sólo me preocupa un poco el Peregrinaje.
– A mí también, pero creo que será interesante. – Le destellan los ojos, como ayer en mi habitación. – Así me gusta Paula, ¡Sonríe!

Sin darme cuenta una sonrisa ha asomado a mis ojos al ver el brillo de los suyos. Y por lo que dice, no se le ha pasado el detalle. De repente, pone cara de fingida perversidad, me coge de las manos y empieza a hacernos girar cogidos de las manos. Giramos descontrolados y suelto un pequeño grito de espanto, pero él se ríe a carcajadas y pronto me contagio. Reímos y giramos, y en un momento pasamos por delante de las gemelas y mi hermano. Veo caras de asombro y de repente nos paramos. Lucas y yo nos miramos y al instante volvemos a reír como locos. Arch sonríe, Aquata se ríe y Alana viene a nuestro encuentro muy alegremente. Lucas la coge de las manos como a mí un momento atrás y vuelve a empezar el proceso. Por el rabillo del ojo veo como Aquata lo imita, arrastrando a Arch por el camino. Cuando nos paramos todos, y después de recuperarnos de la risa y los mareos, volvemos a ponernos en marcha. Esta vez con un poco más de alegría. Lucas me mira de reojo y yo le adelanto dándole un suave aletazo en la mejilla. Sonríe y yo me digo que a lo mejor el Peregrinaje no estará tan mal.


Pronto anoche, y nos vemos obligados a parar. Arch saca los sacos de dormir y algunas galletas de percebe y nos ofrece. Hacemos una pequeñas cena a base de las galletas y luego decidimos irnos a dormir. Alana y Lucas se quedan dormidos en cuestión de segundos, pero yo no puedo dormir. El día ha sido demasiado intenso, y tengo mucha información que procesar.


Cierro los ojos para intentar conciliar el sueño, no quiero despertarme mañana con ojeras. Oigo unas burbujas elevarse hacia la superficie, y una risita apagada. Me revuelvo sin hacer ruido dentro del saco y me giro para mirar que es lo que pasa a mi espalda. Una sombra naranja y otra añil se escabullen tras una pequeña pared de corales de tonos cálidos. Vuelvo a oír las risitas de Aquata y Arch y comprendo que mejor les dejo en paz, pero una punzada de resentimiento me acuchilla el estómago. Arch no me lo había contado, y Aquata tampoco.


Vuelvo a revolverme en el saco, buscando la posición cómoda y me encuentro de golpe con la cara de Lucas a pocos centímetros de la mía. Se había ido acercando a mi lado sin que me diera cuenta. Me reconforta bastante su presencia, parece mentira. En apenas 24 horas nos hemos hecho buenos amigos. Sé que no nos conocemos para nada, pero quiero llegar a conocerle, e incluso a lo mejor me dará pena si decide marcharse. Me acurruco cerca de su pecho, pero sin llegar a rozarle, y en pocos segundos el sueño me atrapa en sus dulces garras.


Sueño que nado a toda velocidad entre corales. Unas aletas extrañas se mueven delante de mí. Lucas sujeta un saco que no había visto nunca y nada a la misma velocidad que yo, o más rápido aún. Huimos de algo, pero no sé de qué. Lucas mira hacia atrás aterrorizado y después me agarra del brazo, arrastrándome hacia adelante. Oigo un golpe tras de mí y todo se vuelve oscuro.


Abro los ojos asustada. Arch me mira desde arriba, sorprendido y con las manos ligeramente separadas, como si le hubieran pillado a media palmada. Me abalanzo sobre él, mosqueada porque me ha despertado con sus palmadas. Se ríe y escapa mientras Aquata le mira con complicidad y Alana se ríe descontrolada.

– ¿Cómo te atreves a despertarme de esa manera?
– Calla, calla – dice entre risotadas – no te despertabas, ¿Qué querías que hiciera?
– No lo sé pero eso no – le respondo enfurruñada.

Sin que nos diéramos cuenta Lucas también se ha despertado y nos mira aturdido. Una sonrisa ladeada y discreta se disimula en su boca y Alana le suelta un pequeño coscorrón y un “dormilón” con mirada tierna. ¿Cuándo se han hecho tan amigos esos dos?

– ¡Chicos! Tenemos que movernos, en medio día de viaje deberíamos poder llegar al lugar de la primera prueba. – Aquata nos interrumpe intentando poner expresión seria, pero se le escapan miradas de pánico a su hermana.
– Todos sabéis ya que nosotras no tenemos ningún recuerdo de ninguna de las pruebas. – Continúa Alana, – Lo que sí sabemos es que son cinco pruebas a día y medio de viaje una de otra. Lo que nosotras llamamos el “lugar de las pruebas” es un gran portal de piedra con una inscripción en tritonio antiguo.
– Precisamente por el hecho de que nosotras desconocemos cuáles son las pruebas queremos advertiros que pueden llegar a ser peligrosas, complicadas o sin sentido, pero hay que afrontarlas con decisión o todo será un desastre. – Las gemelas siempre hablan así, una terminando las explicaciones de la otra.
– ¿Entendido?

Todos asentimos y yo vuelvo a recordar mi sueño. Me preocupa lo que haya podido significar. Arch me da un suave puñetazo en el hombre y veo como todos recogen sus cosas para irnos. Me lanzo a recoger mi saco, pero calculo mal y me doy contra Lucas sin querer. Me agarra por la cintura y le miro pidiéndole disculpas. Su sonrisa ladeada vuelve a aparecer y luego se gira a poner sus cosas en orden. Yo le imito, pero mi cabeza sigue perdida en las profundidades de mi subconsciente.


Hacia la hora de comer vemos a lo lejos una enorme silueta oscura. Es el portal, pero aún no entendemos muy bien lo que vamos a tener que hacer allí. No me da demasiada seguridad, pero Lucas parece decidido, casi emocionado. A medida que nos acercamos la silueta cobra forma y se engrandece lentamente. En lo alto del arco de piedra que es el portal hay una pequeña inscripción el tritonio antiguo, como dijo Alana. Está hecha de coral rojo y brilla un poco cuando la escasa luz del sol se refleja en ella.

– ¿Qué hacemos ahora? – pregunta Lucas
– Ahora cruzamos – contesta Aquata.

Veo a Arch cerrar los ojos, Alana suspira, Lucas traga saliva y yo aprieto los puños. Aquata toma la delantera y la seguimos a cierta distancia, asustados. Nada más cruzar, una voz resuena en mi cabeza. Me quedo paralizada, es como si el mundo a mi alrededor dejase de existir.

– Habéis entrado en los dominios de la primera prueba del Peregrinaje. Convertido y Responsable deberán pasar la prueba solos si queréis avanzar.

Un extraño eco se hace en mi cabeza mientras el océano vuelve a cobrar vida ante mis ojos. Mi hermano me mira serio, cogiéndome por los hombros.

– ¿Paula?
– ¿Qué pasa? – Me mira con evidente alivio
– Lucas y tú os habéis detenido de golpe. ¿Estás bien? Estás muy pálida
– ¿Sí? – Pregunto tocándome la cara.

Miro a Lucas, que aún no ha reaccionado incluso con los zarandeos de Alana. Me acerco preocupada y oigo como Alana se desespera llamándole. Le toco el hombre y asiento con la cabeza, nos ponemos una a cada lado de la cabeza de Lucas y gritamos a la vez su nombre. Aletea hacia arriba asustado y con las manos en las orejas.

– ¿Queríais dejarme sordo o algo? – Nos grita.

Alana y yo nos sonreímos, al menos ha reaccionado. Pero la sonrisa se nos borra de la cara al ver a Aquata y Arch acercarse demasiado serios.

– Paula, Lucas, queremos saber que ha pasado
– ¿Vosotros no lo habéis oído? – Pregunta Lucas poniéndose a mi lado. Todos niegan con la cabeza.
– ¿Oír el qué? – Pregunta Arch
– Una voz nos ha dicho que sólo nosotros debemos pasar las pruebas si queremos continuar el viaje.
– ¿Y cuál es la prueba? – las gemelas vuelven a su costumbre de hablar al unísono
– No tengo ni la más remota idea, eso no lo ha dicho – Lucas se encoge de hombros al decirlo, despreocupado. – Para saberlo hay que seguir adelante y esperar a que nos vuelva a hablar.

Nada hacia adelante, pero no llega demasiado lejos. Esta vez no es una voz, sino una imagen. Un enorme cofre cerrado aparece en mi mente. Me urge la necesidad de buscarlo, supongo que la prueba es esa, encontrar el cofre del tesoro.

– Ya sé cuál es la prueba chicos – digo seria. Lucas asiente girándose a mirarme.
– Muy bien entonces, buena suerte – ahora Arch toma la delantera y me guiña un ojo antes de continuar. – Nosotros nos adelantaremos hacia el siguiente Portal. ¿Podréis alcanzarnos cuando acabéis?
– Hecho – Lucas coge una de las mochilas que habíamos dejado apoyadas en el suelo con una mano y con la otra me agarra la mía.

Oigo las protestas de las gemelas, pero Arch las hace callar y nosotros nadamos demasiado rápido como para que puedan detenernos. La decisión está tomada, de todas formas tenemos que hacerlo Lucas y yo solos.

– ¿De verdad lo oíste y viste? – Lucas parece inseguro
– De verdad – me pregunto si debería contarle lo de mi sueño, pero no creo que sea el momento.
– Paula, mira eso. Estoy seguro de que lo que buscamos está allí – señala un viejo galeón hundido, todo cubierto de algas, corales y peces de colores que se pasean por entre los huecos.

Un escalofrío me sube por el espinazo y Lucas me mira con la evidente excitación en su cara.

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