jueves, 23 de abril de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 5

Lloro desesperada con las rodillas hincadas en el suelo. Justin me abraza y me balancea suavemente intentando consolarme. Eso con un brazo. Con el otro marca el número de su casa, buscando un poco de ayuda. No oigo realmente lo que dice Justin, solo noto los balanceos y mi cabeza empieza a volar.


Los recuerdos y las visiones pasan caóticamente ante mis ojos. No veo lo que tengo delante, solo caras, paisajes. Retazos de mi memoria escapan de sus cajas y cajones, me asaltan y se desordenan, provocando que las lágrimas fluyan con más fuerza. Todo esto es por mi culpa. Yo mordí a Rory, yo le convertí a nuestra especie, yo le destrocé la vida. Y ahora por mi culpa está muerto.


– Lyd, ¡Escúchame de una vez! ¡No puedes perder la compostura de esta manera! – Oigo hablar a Justin y sé que me habla a mí, pero no puedo reaccionar.


Sus palabras no harán efecto y creo que Just lo sabe. Posa sus manos en mis mejillas y me obliga a mirarle a los ojos. De repente sus labios se funden con los míos y noto el sabor salado de mis lágrimas. Me relajo entre sus brazos, despacio, como si me derritiera.


– Por favor no me abofetees. No reaccionabas y no me parecía bien pegarte.


Ahora lo beso yo, desesperada. Él me devuelve el beso, se separa y me abraza con fuerza


– Mis padres van a ir a recoger el cuerpo. Lo enterraremos como es debido, te lo prometo. Ahora solo déjame hacerme cargo de ti, por favor.


Asiento con la cabeza mientras me ayuda a levantarme. Me lleva hasta el dormitorio que compartimos, junta nuestras camas a un lado de la habitación y me tumba en ellas. Se tumba a mi lado y me rodea con sus brazos. Me siento más segura junto a él, juntos siento que nada puede ir mal. Aunque obviamente eso sea mentira.


Siento los labios de Justin recorrerme un lado de la cara. Tengo los ojos cerrados y parece que he conseguido calmarme lo suficiente como para estar del todo relajada. Su boca baja por mi mandíbula y me besa la barbilla. Luego le siento bajar rozando un lado de mi cuello y noto sus manos en mi cintura, apretándome contra él. Se meten bajo mi camiseta y me acarician el estómago. Ahora pasan a mi espalda, y siguen acariciándome y lanzando escalofríos de placer por mi espinazo. Abro los ojos e intento extender los brazos para rozar su pecho, pero me gira y me aprisiona bajo su cuerpo. Sus manos agarran las mías y sus rodillas se hincan en la cama a ambos lados de mi cadera.


– Just, ¿Qué…?
– Enrollarme con la chica que quiero – me interrumpe plantándome un beso en los labios – ¿Algún problema señorita?

Le beso yo, dejando claro que no tengo ningún problema. Él me devuelve el beso y tira de mi camiseta hacia arriba. Después de pasármela por la cabeza, se quita la suya. Ahora si me deja tocarle. Le acaricio el pecho mientras él vuelve a besarme. Sus labios rozan mi barbilla y mi clavícula, y va bajando hasta topar con el sujetador deportivo que suelo llevar por casa. Se mueve encima de mí y empieza a recorrer con su boca mi vientre. Otro escalofrío sube por mi espalda. Y entonces suena su móvil, y por la canción que suena sé que es Silvia.


– Just, tu móvil – susurro mientras vuelve a besar mi cuello.
– Lo sé.
– Es Silvia.
– Ahá.
– Cógelo, has quedado con ella en… – miro el reloj de la mesilla – 20 minutos. Tienes que ir y decirle lo que tengas que decirle.
– Pero… – le callo con un leve roce de labios.
– Vete, estaré bien. Te esperaré – rozo otra vez sus labios y él se levanta de la cama.
– Llámame si mis padres te dicen algo. Volveré pronto.
– Llegarás tarde – le sonrío tumbándome en la cama. Y él sale por la puerta poniéndose la camiseta.

Aprovecho para poner mis pensamientos en orden. Hay que encontrar una manera de enterrar a Rory como Dios manda. Desearía que recuperara su forma humana, pero no lo va a hacer y eso me duele. Él es sólo un crío que nunca más volverá a serlo. Entre estos pensamientos el sueño me toma entre sus dulces brazos y todo se oscurece en mi cabeza.

Los padres de Justin llegan a mi casa. Rory ya se está curando y habla animado con Justin y conmigo. Yo estoy un poco cortada, me siento culpable, un monstruo. Claire, la madre de Just, ha llamado a casa de Rory. Vienen hacia aquí. Hay que convencerlos para que acepten la nueva condicón de su hijo, quien, estando en la estación que estamos, no tardará en ceder a la llamada del virus. Todo está ligeramente amortiguado a mi alrededor, como si estuviéramos bajo el agua. Parece que la culpa tiene ese efecto en mí.

Los padres del niño llegan demasiado rápido. Tengo un mal presentimiento, me aterroriza que se lo puedan tomar a mal, aunque sería lo más natural.

 – ¿Dónde está mi niño? – Grita la madre
– ¡Mamá! – Grita Rory

Se abrazan dramáticamente mientras Claire y Al se presentan al padre.

– Por favor, siéntense. Hay algo que deben saber. – Dios mío, suena fatal. – Justin, llévate a Rory y a Lydia arriba. Id a ver la tele.

Justin me toma de la mano y le dice a Rory que le siga. Nos lleva arriba. Al cabo de un rato se oyen un par de gritos ahogados, seguramente hechos por la madre de la criatura. Quiero creer que le amarán igual. Quiero creer que no le dejarán atrás. Justin me aprieta el brazo, me reconforta su presencia. Encendemos la televisión para mantener a Rory ocupado y de repente oímos un portazo.


Abro los ojos sin moverme demasiado. Me he quedado dormida sin darme cuenta i he soñado con Rory. Hay un brazo en mi cintura, Justin duerme abrazado a mí. Supongo que habrá llegado y se habrá tumbado a mi lado. Voy a despertarle para preguntarle qué tal ha ido todo, pero me contengo. Debe de estar tan cansado como lo estaba yo, así que voy a dejar que duerma. Cuando despierte me lo contará todo.


Me quedo tumbada a su lado, dejándome abrazar hasta que no lo puedo soportar más y me levanto. Voy al salón y cojo un libro. Leo hasta que oigo ruido de pasos en las escaleras. Justin está despierto.

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